Reconozco su mirada en la fotografía: verde, clara y cercana; a juego con su sexual sonrisa. Y he revivido sin querer lo de aquel caluroso día, cuando el hombro de su camisa se echó adelante al alargarme el café y un trozo más de su piel asomó por la pechera, sudorosa. Es estremecedora, a pesar de los años que han pasado, su súbita muerte; tan joven. Torna exclusivos mis pensamientos, íntimo tesoro. Como si nadie ya pudiera vivir una cosa así, ni ayer, ni hoy, ni mañana
© CEDRO