Ustedes me van a disculpar, por favor, pero es que estaba con la boca algo pegajosa. Nada muy importante, un chorro de pintura en todos los morros, poca cosa para mi.

El caso es que acabo de publicar en Nevasport un reportaje de otro ámbito de mi ego interactivo. El tío…, ¡no para! Este último artículo empieza tratando al yo interactivo de transtorno, algo con lo que no estoy en absoluto de acuerdo; aunque, en general, el escrito defina bien esa otra parte de mí.

A ver…, como molécula bipolar tampoco es que tenga yo grandes aspiraciones, pero pongamos por caso que mi yo interactivo es como el átomo de oxígeno, el solitario, de mi punta hidrófuga. Es una parte de mí. Pues el yo interactivo igual. Yo lo reconozco desde tiempos del rúter telefónico chirriante, y lo veo sano y funcional; bipolar, claro, pero eso es naturaleza de la química orgánica. Se podrá volver patológico, que no digo yo que no, pero de ahí a que lo sea por definición va un trecho.

En fin…, ustedes opinarán lo que quieran, que me voy a la membrana de una célula epitelial, a tomar el aire fresco y ver si se me pasa este sabor metálico que me ha quedado del spray.


© CEDRO


El autor de este grafiti está en busca y captura, si alguien le conoce, que se manifieste >>>